El poder judicial español no atraviesa su mejor momento; de manera repentina -y con el permiso de la gran mayoría - los juicios mediáticos están adquiriendo mucho poder, y poco a poco de cara a la opinión pública están supliendo a los poderes legítimos.
La amenaza ha llegado a ser de tal magnitud, que hasta los representantes políticos, haciendo un uso inapropiado de los medios de comunicación, llegan al extremo de cuestionar a las instituciones cuando a la primera de cambio se permiten desautorizar a los jueces. Delicada situación, cuando se les da más credibilidad a algunos periódicos (que en la actualidad, en excedidas ocasiones no contrastan la veracidad sus fuentes) y a personas como al ex- Director General de la Policía en la época de Aznar, y ahora Eurodiputado del PP, que se niega abiertamente y sin vergüenza alguna a declarar en el juicio a la hora de responder sobre las manifestaciones que previamente había realizado a los medios. Tal y como ya habían venido haciendo todos los que aparentemente se creen o pretenden hacer creer, la trama conspirativa del 11 de marzo. Cómo si estuviese justificado no decir todo aquello que "aseguran saber", cuando estamos hablando de al menos 192 víctimas mortales y miles de heridas.
Pero lo grave no es que haya una persona que sin escrúpulos opte por llevar a cabo esta actitud, sino que sea el propio partido de la oposición quien lance dudas y deteriore a los mismos órganos que sustentan las bases de una democracia libre e igualitaria. En una sociedad de arraigada historia intelectual, la razón y lo fehacientemente contrastado debería primar sobre las teorías que a priori duden de las instituciones, teniendo muy claro frente al terrorismo que el individuo a juzgar es el terrorista y no el gobierno, ni los policías, ni poder público alguno, ni mucho menos aún las víctimas. La estrategia de la duda no debería tener cabida dentro de una sociedad culta, la cual debería solicitar más argumentación a los partidos y menos eslóganes publicitarios, además en muchos casos, carentes de fundamento. La sociedad española esta cansada de tanta manipulación mediática y de aquellas personas que instan a utilizarla.
Las mentiras van cayendo por si mismas y gracias al rigor de Gómez Bermúdez, en el macro juicio celebrado a razón del 11 M, parece que las víctimas están obteniendo más o menos un juicio justo. Pero ahora los ciudadanos nos preguntamos, que hasta cuando va a continuar toda esta estrategia de la duda y la crispación y que si finalmente, la historia condenará a aquellas personas de doble moral, que están haciendo tanto daño al sistema democrático y a las víctimas de estos terribles atentados.
La amenaza ha llegado a ser de tal magnitud, que hasta los representantes políticos, haciendo un uso inapropiado de los medios de comunicación, llegan al extremo de cuestionar a las instituciones cuando a la primera de cambio se permiten desautorizar a los jueces. Delicada situación, cuando se les da más credibilidad a algunos periódicos (que en la actualidad, en excedidas ocasiones no contrastan la veracidad sus fuentes) y a personas como al ex- Director General de la Policía en la época de Aznar, y ahora Eurodiputado del PP, que se niega abiertamente y sin vergüenza alguna a declarar en el juicio a la hora de responder sobre las manifestaciones que previamente había realizado a los medios. Tal y como ya habían venido haciendo todos los que aparentemente se creen o pretenden hacer creer, la trama conspirativa del 11 de marzo. Cómo si estuviese justificado no decir todo aquello que "aseguran saber", cuando estamos hablando de al menos 192 víctimas mortales y miles de heridas.
Pero lo grave no es que haya una persona que sin escrúpulos opte por llevar a cabo esta actitud, sino que sea el propio partido de la oposición quien lance dudas y deteriore a los mismos órganos que sustentan las bases de una democracia libre e igualitaria. En una sociedad de arraigada historia intelectual, la razón y lo fehacientemente contrastado debería primar sobre las teorías que a priori duden de las instituciones, teniendo muy claro frente al terrorismo que el individuo a juzgar es el terrorista y no el gobierno, ni los policías, ni poder público alguno, ni mucho menos aún las víctimas. La estrategia de la duda no debería tener cabida dentro de una sociedad culta, la cual debería solicitar más argumentación a los partidos y menos eslóganes publicitarios, además en muchos casos, carentes de fundamento. La sociedad española esta cansada de tanta manipulación mediática y de aquellas personas que instan a utilizarla.
Las mentiras van cayendo por si mismas y gracias al rigor de Gómez Bermúdez, en el macro juicio celebrado a razón del 11 M, parece que las víctimas están obteniendo más o menos un juicio justo. Pero ahora los ciudadanos nos preguntamos, que hasta cuando va a continuar toda esta estrategia de la duda y la crispación y que si finalmente, la historia condenará a aquellas personas de doble moral, que están haciendo tanto daño al sistema democrático y a las víctimas de estos terribles atentados.
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